viernes, 11 de octubre de 2013

¿VAJILLA DE PORCELANA O PLATO DESECHABLE?



En cierta ocasión escuché una apropiada ilustración sobre la virginidad y el sexo, en labios de un gran orador. Él comentó que en su casa acostumbraban usar platos desechables durante los fines de semana. Así, una vez que se usan se tiran a la basura; eso evita que se acumulen los platos sucios en la cocina el tiempo que se usa para descansar. . Entonces, lanzó una pregunta a las señoritas que escuchaban: .¿ Cómo te consideras tu…vajilla de porcelana o plato desechable??



Las muchachas que acceden a tener relaciones sexuales fuera del matrimonio se asemejan a un plato desechable. En cuanto sean utilizadas, van a deshacerse de ellas. En cambio, las que esperan al matrimonio y saben colocar límites basados en una sólida confianza y AUTOESTIMA SALUDABLE, serán tratadas de manera diferente, como una vajilla de porcelana, además, serán conservadas con especial cuidado. La pregunta es: ¿Cómo quieres que te traten?



No permitas que te traten como un plato desechable. Tú mereces ser tratada con la delicadeza que se trata a una vajilla de porcelana. Cuando un varón insiste en tener relaciones sexuales con una dama, lo más seguro es que no la ame. Solo trata de satisfacer su apetito sexual con ella. Lo peor que una mujer puede hacer es creerle a este tipo de individuos.------- dicen algunas muchachas: “¿De verdad? Pero si el es muy cariñoso y sólo me pidió la prueba de amor”. Solo quería demostrar que podía seducirla. Entonces aflora su profundo egocentrismo. Es inútil que la dama lloriquee o le suplique volver. Él no se conmoverá con sus lágrimas y sus escenas dramáticas. Incluso, es muy probable que cuente a sus amigos su aventura sexual con mínimos detalles…



Parrafraseado del Libro: Ellas y el Sexo. 
Leticia de los Santos.

Editorial Gema Editores.

lunes, 30 de septiembre de 2013

CUANDO ME AME DE VERDAD



Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

    Charles Chaplin
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¿Por qué debe el hombre  amarse a sí mismo?

Porque es hecho a la semejanza de Dios, Gén. 1:26, “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Esto se repite en 1 Cor. 11:7 y Sant. 3:9. Por esta razón debe haber amor propio, respeto propio.



lunes, 16 de septiembre de 2013

CUANDO CONOCES LA VERDAD



El tren ha comenzado a moverse. Está cargado de gente de todas las edades, la mayoría obreros y jóvenes estudiantes de universidad, tanto hombres como mujeres. Cerca a la ventana se sentaba un anciano con su hijo de 30 años.

Mientras el tren se mueve, el hijo está sobrecogido de gozo, encantado por el paisaje fuera.

“Ve, papá, el paisaje de los árboles verdes alejándose es muy hermoso”.

Esta conducta del hijo de 30 años hizo que los demás se sintieran incómodos con él. Todos comenzaron a murmurar una cosa u otra acerca de este hijo.

“Este tipo parece estar loco”, el recién casado Anup le susurró a su esposa.

De repente comenzó a llover. Las gotas de lluvia cayeron sobre los pasajeros a través de la ventana abieta. El hijo de 30 años, lleno de gozo decía: “Ves, papá, cuán hermosa es la lluvia…”

La esposa de Anup se molestó con las gotas de lluvia, ya que caían sobre su nuevo vestido, dañándolo.

“Anup, ¿no puedes ver que está lloviendo? Usted, anciano. Si su hijo no se siente bien, llévelo a un asilo mental pronto y no moleste a los demás”.

El anciano titubeó primero y entonces contestó en tono bajo: “Regresamos a casa del hospital. Mi hijo fue dado de alta esta mañana. Nació ciego y no fue sino hasta la semana pasada que recobró la vista. La lluvia y la naturaleza son nuevas a sus ojos. Por favor, perdónennos la inconveniencia causada”.


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REFLEXIÓN:

Tal vez la clave consista en siempre darle a los demás el beneficio de la duda, reconociendo que lo que hacen debe tener sentido en sus mentes y corazones, que tal vez sea motivado por un trasfondo distinto al nuestro y que tal vez sea solo una reacción transitoria.

Dejemos de jugar a ser Dios y aceptemos que nunca tendremos toda la información, ni comprensión completa de situación alguna y que, al emitir juicio debemos estar conscientes de ello. Si así lo hacemos, podremos siempre extender una mano amiga y tierna a quien ha experimentado menos bendiciones que nosotros. Adelante y que el Señor les bendiga.


Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparadopara los que lo aman». 
1 Corintios 2:9